
-Adiós.- dijo entonces con la misma voz suave, llena de calma.
-¡Espera!-espeté mientras intentaba alcanzarle.
Sus manos heladas se cerraron alrededor de mis muñecas. Se inclinó para acariciar ligeramente mi frente con los labios durante un segundo apenas perceptible. Se me cerraron los ojos.
Sentí su frío hálito sobre la piel.
Las hojas de una pequeña enredadera de arce temblaron con la tenue agitación del aire.
Se había ido.
Le seguí. El rastro de su paso había desaparecido ipso facto. Pero seguí caminando sin pensar en nada. No podía hacer otra cosa. Debía mantenerme en movimiento, porque si dejaba de buscarle, todo habría acabado.
El amor, la vida, su sentido... todo se habría terminado.
Luna Nueva de Stephenie Meyer.
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